Hoy te presento un cuento de la escritora Carolina Loza, de 10 años, escrito con mucha ternura y amor por los animales. ¡Que lo disfrutes!:
El perrito perdido
Por Carolina Loza
HabÃa una vez en una ciudad muy grande un perrito abandonado. Estaba hambriento y todo sucio, las personas lo ahuyentaban como todos hacemos con los perros no conocidos. Nadie lo querÃa, todas las heladas noches el perrito dormÃa acurrucado en un edificio muy pero muy viejo. A la mañana siguiente tenÃa mucha hambre, entonces se fue a buscar comida. Recorrió toda la ciudad y por fin encontró algo tirado, lo comió, después se fue a pasear. El miraba a otros perros caminando con sus dueños. El deseo de ese perrito era tener una familia, también vio a los cachorritos de la tienda de mascotas cuando los adoptaban. El pensaba qué lindo serÃa tener una familia. Un dÃa, una niña hermosa y rica deseaba tener una mascota con quien jugar, nadie querÃa jugar con ella en el palacio, todos estaban siempre ocupados, y entonces le pidió a su padre que la llevara a comprar una mascota. En eso, cuando iban caminando, la niña vio al perrito abandonado, ella lo miró por un instante y vio en sus ojos que él la necesitaba. Al verlo, le dijo al papá, él la miró a la cara y dijo “¿por qué mejor no te comprás un pudde de $985826725?”, y la niña respondió: “¡pero ese perrito me necesita mucho!”. El papá, muy enojado, alzó la voz y por primera vez le dijo “¡no!” a su hija querida. Eso le dolió, pero no podÃa dejarlo pasar. La niña sorprendida se fue corriendo, luego volvió y se quedó unas horas con el perrito, lo miró un rato y luego se fue a la mansión muy pero muy triste y se acostó. El padre, esa noche, pensó lo que le dijo a su hija y por fin se dio cuenta. Al otro dÃa, el padre le tenÃa una sorpresa: cuando ella se levantó, le entregó una caja; adentro estaba el perrito, bañado y satisfecho con la comida que le habÃan servido. La hija le dijo a su padre:
- Gracias, te quiero mucho.
El papá contestó:
- No me digas gracias, hija. Si no fuera por vos, no me hubiese dado cuenta.
La hija rió y se fue a jugar con su nuevo perro. El papá miraba por la ventana cómo se divertÃa, y desde ese dÃa vivieron todos felices, hasta el perrito perdido que ahora tiene una familia.
C.L.
¡Felicitaciones, Carolina! Espero un nuevo cuento con otro animalito, ¿s�
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