Si se me diera la oportunidad de hacer un regalo a la siguiente generación, sería la capacidad de reírse cada cual de sí mismo.
Charles M. Schulz (1922-2000) Dibujante estadounidense, creador de Snoopy.
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Si se me diera la oportunidad de hacer un regalo a la siguiente generación, sería la capacidad de reírse cada cual de sí mismo.
Charles M. Schulz (1922-2000) Dibujante estadounidense, creador de Snoopy.
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Si se te ocurre una poesía o un cuento cuyos temas tengan relación con los trenes, entonces no dejes de participar en los Premios del Tren 2009 “Antonio Machado”, que la Fundación de los Ferrocarriles Españoles viene organizando desde hace años. El primer premio es de 15000 euros y la publicación de la obra.
Creo que aunque te toque viajar a diario en la incomodidad del Sarmiento u otros trenes de nuestro querido país, igual la inspiración te iluminará. Tenés tiempo hasta el 12 de junio para entregar tus originales, y si querés más info entrá a Bases del Premio. ¡Suerte!
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Y parece que Joaquín, igual que Clara en su momento, vino con un libro nuevo bajo el brazo.
Si todo va bien, para mediados de este año Editorial Atlántida estará lanzando otra de mis obras. Aunque todavía no voy a contarte nada, quiero compartir con vos una de sus ilustraciones. Más adelante te doy más detalles y el nombre de su creador. Espero que te guste:
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Con enorme alegría y derrame de babas de felicidad te cuento que al escudo de Boca (a pesar de la derrota de ayer) se le ha sumado una nueva estrella porque esta semana ¡nació mi hijo Joaquín!
¡Sí! Aunque mucho no dije al respecto, con mi mujer y mi hija Clara esperábamos la llegada de este matambrito de ternura con muchas ganas y ansiedad. Pesó tres kilos trescientos y tiene los mismos cachetes inflados que su hermana. ¿Cómo explicarte el momento que estamos viviendo? Es difícil para mí lograr transmitir lo que significa la llegada de un nuevo ser a la casa, el estado hipnótico que genera y la sensación de renovada esperanza que me provoca cuando lo miro y me ayuda a creer que un mundo mejor es realmente posible. Y chocheo tanto que, si de aquí en adelante te acercás un poco más a la pantalla, vas a ver que cada palabra destila olorcito a bebé.
Bienvenido a la vida, Joaquín. Desde ahora, la hinchada de Boca va a ser la mitad más dos del país.
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Imágenes del momento de la firma de ejemplares la semana pasada, junto a mis amigos lectores, Paco y Morton y un par de milagros mágicos a cargo de Quique Marduk y Alex Nebur. ¡Hasta la próxima Feria!
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No te pierdas este cuento de Mariela Zapata, maestra jardinera, cuentacuentos y escritora de Santa Fe, con unas ideas lindísimas para compartir. Parece que esta obra fue dramatizada por los alumnos de Mariela y filmada en la Reserva Ecológica de Santa Fe, y luego el video participó del “Festival de Lectura” organizado por el Sindicato Argentino de Docentes Privados, con buenísima repercusión. Que lo disfrutes:
La lengua del sapo
Por Mariela Zapata
Erase una vez un sapo, verde re-verde, gordo re-gordo, que vivía en el campo rodeado de árboles, flores, amigos sapos y aire fresco.
A sapo verde, re-verde le hubiera gustado poder atrapar moscas, mosquitos y otros bichitos pero su lengua no era pegajosa como la de los demás sapos. Así sapo gordo, re-gordo se había acostumbrado a comer hojas y pequeños frutos de las plantas.
-¿Cómo podremos ayudarlo? Se preguntaban los sapos, sapitos y sapotes. Pensaron. Opinaron…. ¡Qué sí! ¡Qué no!. Hasta que decidieron atrapar insectos para él.
Bichos sin alas y alados, negros, blancos, duros y blandos, raros y de distintos sabores. Sapo saltaba justo de una enorme maceta de tréboles en flor y con ese manjar lo recibieron. Saboreó bichitos. Fue feliz. Se sintió querido.
Pasaron varias lunas salpicadas de estrellas y el sol rodó muchas veces en el cielo, salía, se escondía y hasta brilló el arco iris. Pero sapo se la pasaba comiendo, todo era fácil para él, no buscaba su comida, no saltaba, solo esperaba.
Hasta que los sapotes, sapos y sapitos se reunieron en la zanja de la esquina.
Pensaron. Opinaron…. ¡Qué sí! ¡Qué no! Y decidieron que no era la mejor manera de ayudarlo. Poco a poco el bicherío desapareció. Sapo se sintió infeliz y poco querido.
Hubo lunas… redondas, cuarto menguante y hasta media luna rellena de estrellas. La lluvia pintó el arco iris y el viento lo borró.
Sapitos, sapos y sapotes vieron que sapo verde, re-verde, gordo, re-gordo estaba solo y triste. Se reunieron, pensaron…. ¡Qué sí! ¡Qué no! Y todos opinaron que sapo atrape sus bichitos. La lluvia y el viento, el viento y la lluvia refrescaron la tarde. Pronto… El día se hizo noche y la noche se hizo día…. Hasta que un pajarito llamado Benteveo, bicho feo, se enteró de la situación y desde una higuera gritó-¡Aquí tengo la solución!
Le mostró al pueblo sapero que los higos tienen una leche blanca y pegajosa, que seguro lo ayudaría.
-¡Leche de higo! gritaron los sapos. Buscaron a sapo gordo, re-gordo y muy pronto lo convencieron. Todos hicieron una gran ronda alrededor de la higuera. Benteveo, bicho feo, picoteó un higo que salpicó gotitas de leche y sapo atrapó dos o tres…. Las saboreó y su lengua pegajosa pronto quedó. Acompañaron a sapo en la gran cacería bichera, saltaron, croaron y disfrutaron de verlo tan feliz.
- ¿Estás contento sapo con tu lengua? preguntó el sapote más viejo. Y sapo verde, re-verde le contestó- ¡Estoy feliz de tener amigos!
FIN
¡Gracias, Mariela! Y espero muchos más cuentos.
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