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Escribí vos09 Jun 2010 10:27 am

Entre los dibujos y cuentos que recibí de regalo en la Primaria 13, te quiero mostrar uno, elegido al azar porque son todos lindos. Se trata de una hermosa creación de las escritoras Micaela Ortiz, Karina Córdoba y Magalí García, de quinto grado. No te la pierdas:

Anacleta “todo lo puede”
Por Micaela Ortiz, Karina Córdoba y Magalí García

Había una vez, en un pueblo muy pobre, una pequeña niña llamada Anacleta a la que le encantaba todas las mañanas circular en bicicleta. Todos la veían pasar a la velocidad de un vendaval, dejando sólo el registro de sus largos rojos rizos, y el tintineo de su rodado. Aunque era una niña muy tímida, saludaba con alegría a todos sus vecinos y vecinas.

Cierto día de repente… ocurrió algo inesperado. Se había topado con el final del poblado ¡pero eso, no era lo raro…! Lo extraño erar haberse encontrado con un tesoro encofrado, como el de los piratas de los cuentos, en mares y océanos. Su curiosidad y ansioso estado la llevaron a abrir el cofre con mucho cuidado… A la cuenta de tres, levantó la pesada tapa del cofre… ¡y de él salió un hada al revés!

Maravillada, Anacleta miraba al hada que revoloteaba sin cesar a centímetros de su cara. Tanto se movía el hada que Anacleta se mareaba… ¡De pronto quedó suspendida en la nariz de la niña! Aleteó y aleteó como un picaflor multicolor y a Anacleta se dirigió…
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Escribí vos12 May 2010 05:01 pm

El escritor César Yance ha creado una historia de magia y fantasía que estoy seguro vas a disfrutar mucho. No te la pierdas:

El mago y su sirviente
Por César Yance


Había una vez un mago avaro y cruel que vivía en un pequeño pueblo mágico junto a Mortimer, su sirviente. Mortimer era un muchacho bondadoso que pasaba sus días durmiendo en la polvorienta alfombra de la cocina, rodeado de escobas, baldes y de los malos tratos que el mago le daba por no poseer ni una sola pizca de magia. Eso al mago le resultaba insultante, para él Mortimer era alguien insignificante, lo más parecido a un horrible sapo con olor a podrido que sólo sirve para sacar la costra de los pisos.

Una mañana el mago entró a la cocina de su casa muy entusiasmado y le ordenó a Mortimer que preparara un bolso con mucha comida, frazadas y algo de oro y lo pusiera sobre la burra que poseía. Un centauro amigo le había contado que las estrellas habían escrito en el firmamento el siguiente mensaje: “En la montaña más alta, la luz de la luna nueva las iluminará, entonces las gemas maravillosas brillarán con el esplendor de los dioses”. Por tener tan valiosos tesoros el mago decidió llevar a cabo la travesía.
Esa misma noche el mago sobre la cargada burra y Mortimer sobre sus propios pies emprendieron el viaje hacia la montaña más alta, que se encontraba luego del bosque. Como sabía que faltaba poco para la luna nueva, el mago no se demoraba mucho en los lugares en donde paraba a descansar. Al pasar por el pueblo de las brujas, el mago tomó un largo sorbo de vino fresco de su botella sin importarle el calor que también tenía Mortimer, una anciana bruja se acercó al mago y le dijo: -Cuida las gemas, pues las consecuencias pueden ser terribles para tí-. El mago sacó su varita y le echó un conjuro a la bruja que salió despedida por los aires, entonces continuó.

Cuando llegó a la posada de los duendes y pidió la mejor habitación para pasar la noche sabiendo que Mortimer dormiría junto a la burra sentado en el patio de la posada. El duende que le preparó la habitacion le dijo antes de retirarse: -Cuide las gemas pues las concecuencias pueden ser terribles para usted-. Con otro hechizo el mago enmudeció al duende, lo arrojó al pasillo y se acostó a dormir.

Luego de unos días, en el último tramo antes de las montañas, el mago decidió descansar en el bosque y le ordenó a Mortimer que preparara pescado; para desgracia al pobre muchacho se le quemó entero y el mago lo castigó con un golpe. Antes de salir del bosque esa noche un grupo de árboles parlantes detuvo al mago y le dijeron con voz gruesa: -Cuida las gemas, tonto, las consecuencias pueden ser peor de lo que imaginas-. Una vez más el mago agitó su varita y en donde se encontraban los árboles aparecieron unas largas pilas de sillas de madera.

Cuando terminaron el recorrido el mago subió con Mortimer hasta la punta de la montaña más alta. “Falta poco para que la luz de la luna nueva ilumine mis preciosas gemas”. Ese pensamiento había invadido al mago durante el viaje, pero ahora un intenso miedo lo inundó, una especie de desesperación, alguien querría robarle las gemas por eso habían tratado de advertirlo en el camino, no lo había pensado, existía un ladron y estaba cerca muy cerca, era Mortimer, debería matarlo. Enseguida el mago sacó su varita y apuntó directamente al pecho de Mortimer. – Ladrón mugriento, no podrás robarme, no eres nada -le gritó el mago. El joven sorprendido cayó hacia atrás justo en donde la luz de la luna nueva ya había comenzado a iluminar. El mago se quedó petrificado, los ojos de Mortimer brillaban maravillosamente a la luz de la luna, una luz casi celestial, pero no era todo: desde el cielo comenzaron a caer pequeñas y brillantes estrellas sobre el cuerpo del muchacho. Y al fin el mago lo entendió: las gemas fabulosas eran en realidad los ojos de su sirviente, ese muchacho al que nunca valoró, al que siempre ignoró. La bruja, el duende, y los árboles le habían dado los mismos consejos, claro, lo habían hecho siempre que lo maltrataba y no quiso escuchar. Las gemas siempre habían estado con él. Enloquecido de odio el mago lanzó un hechizo asesino a Mortimer pero éste rebotó en la campana de estrellas que rodeaba ahora al muchacho, impactando directamente sobre él mismo, haciendo un ruido semilar a ¡POF!.

Luego la lluvia de estrellas desapareció y los ojos de Mortimer volvieron a su estado normal; él se levantó algo sorprendido y a la vez agradecido por estar con vida, recogió la varita que posaba en el suelo al lado de un sapo horripilante lleno de verrugas y con olor a podrido. Mortimer sonrió (cosa que casi nunca podía hacer) al ver al mago-sapo.

Era libre al fin, convertido en esa criatura el mago no lo maltrataría nunca más, y entonces pensó que con una varita mágica una burra cargada de comida, abrigo y oro, podría alejarse para siempre y vivir una vida nueva, feliz, lejos de los malos tratos y de la polvorienta alfombra de la cocina.
FIN

¡Felicitaciones, César! Queremos leer más.

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Escribí vos27 Abr 2010 03:29 pm

La escritora Victoria Dinenzon, de 10 años, escribió esta poesía cuando a su hermana se le cayó su primer diente. Que la disfrutes:

Linda mañana de jueves.
Mi mamá me dijo: quiero que esperes,
esta noche llegará el Ratón Pérez.
A la mañana siguiente, linda mañana de jueves,
aparecieron entre mis sábanas seis monedas fieles.
Quiero que guardes esta alegría para el próximo diente que lleves,
Querido Ratón Pérez.

VD

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Escribí vos15 Mar 2010 08:05 pm

Maitén es una escritora de 11 años y ha creado este cuento que habla sobre la incomunicación entre padres e hijos. Que lo disfrutes.

El príncipe Eduarth
Por Maitén

Había una vez en un país muy lejano, un gran príncipe llamado Eduarth. El tenía una gran virtud que lo inspiraba a escribir historias. Por lo tanto le quería comentar a su madre de sus grandes historias y sus aventuras con sus amigos. Su madre muy ocupada le dijo que no y Eduarth se quedó muy impresionado, nadie nunca lo había oído y entonces se sintió rechazado.

A Eduarth no le importó y siguió escribiendo grandes historias. Era muy feliz ya que tenía una gran diversidad y contaba todo lo que hacía con sus amigos. Era muy divertido con sus cuentos. Fue a contarle a su madre sus maravillosos cuentos y su madre no lo pudo escuchar.

El no escribió más cuentos porque pensó que su madre no lo quería oír y se puso muy triste, pensó que su madre no le ofrecía el tiempo suficiente para oír sus grandiosas historias y abandonó sus cuentos. Al día siguiente su madre le preguntó qué era lo que le sucedía, qué le quería comentar. Eduarth se puso muy contento porque su madre se preocupó en ir a preguntarle qué le sucedía y entonces le relató sus maravillosos cuentos y todos se quedaron sorprendidos por sus ideas y sus aventuras. Luego, aunque fue rey, siguió relatando y escribiendo sus maravillosas historias.
FIN
Maitén

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Escribí vos24 Feb 2010 09:18 pm

El joven escritor Ian Cordeiro, nos impacta con un cuento corto de terror que te dejará temblando. Además, el autor tiene un blog personal (Blog) con las cosas que a él y a su amigo Alejo les gustan, que te invito a que lo visites.

La antigua casona de San Telmo

Por Ian Cordeiro

Era una casa vieja y destartalada que iba a ser usada como museo, la gente que pensaba hacerlo informó que entraría el 15 de ese mes para ver si había peligro de derrumbe.

Un ladrón que logró escuchar eso se decidió a entrar a la casa porque podía llegar a tener algún objeto valioso. Entró a la casa (estaba abandonada), iluminado por una potente linterna, de pronto vio algo moviéndose pero no logró distinguir qué era, tomó con fuerza el revolver y preguntó:

- ¿Quién anda ahí? -nadie contestó, luego oyó un ruido y vislumbró el lugar de donde provenía–. Ah, qué alivio, sólo era un gato -dijo.

Se oyó un alarido desgarrador en el barrio de San Telmo, provenía de “la casa del fantasma” como le decían en el barrio.

El día de revisar la casona llegaron varios representantes del Ministerio de Cultura, entraron y pasado un rato se oyó un grito, luego se sumaron otros y después la casa quedó sumida en silencio.

Se dice que luego de esos gritos nadie entró nunca más a la casa pero, de vez en cuando, la gente asustada corre porque oye un “miauuu” acompañado de gritos de dolor.
FIN

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Escribí vos05 Feb 2010 09:40 am

Este cuento de los escritores Patricio Pérez y Octavio Quispe Laime, ambos de nueve años, habla de manera original y divertida sobre la posibilidad y el valor de la amistad entre personas muy diferentes. ¡No dejes de leerlo!

El gigante y el enano
Por Patricio Pérez y Octavio Quispe Laime

Hace mucho mucho tiempo, en una tierra muy, muy lejana, había un enano al que se le dio la idea de ir a la tierra de gigantes que sólo estaba a 10 kilómetros de su pueblo. Y lo hizo…

El, muy cansado, no se rindió y cuando llegó con su armadura, su capa y su espada fue directamente al castillo del rey para derrotarlo y ser el rey de esa tierra. Pero entonces, de apurado, se chocó con el dedo gordo de un gigante.

- Perdone, perdone -dijo el pobre enanito, pero el gigante lo único que hizo fue gruñirle así: grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr…

Mientras, en una plantita recién plantada, estaba el Hada Ermelinda mirando qué mal se portaba el gigante. Pero el enano, al ser pequeño y ágil, pasó sin problema por entre los tobillos del gigante; mientras el enanito se iba el hada aprovechó y se hizo un poco mas alta con su magia y le dijo al gigante:

- Qué mal que te portaste, gigante mal educado. Cómo vas a intentar aplastar al enanito, no ves que no importa la altura, aunque él es tan pequeño pueden ser amigos.

El gigante se sintió muy mal por lo que hizo, entonces se sentó, lo reflexionó y se dio cuenta de que debía ir a ayudar al enanito. Mientras tanto el enanito se encontraba en graves aprietos porque una tribu de monos chimpancés con tres ojos y cuatro brazos lo habían capturado. En ese momento se largó a llover con todo y la lluvia arrasó con todo el pueblo de los enanitos. Mientras, el gigante estaba a 32 pasotes de la tribu de monos. Entonces, cuando el enanito estaba a punto de estar rostizado y crujiente como una papa frita, pasó lo inesperado: ¡el gigante salvó al enanito sólo pegando un rugido espectacular!

Pero… algunos monos no se asustaron y enrollaron sus piernas muy pero muy fuerte, tan fuerte que el gigante cayó como una muralla de maderitas (cuando le sacás la maderita de abajo); el gigante era tan, tan alto, que al caer su cuerpo no pudo aguantar y el gigante murió salvando la vida del enanito. El enanito se puso muy, muy triste, y empezó a llorar, pero en ese momento… plinnnnnnnnnn, apareció el hada y le dio la oportunidad al enanito de poder pedir un deseo. Cuando el enanito iba a pedir su deseo el hada le dijo:

- Tienes tres opciones, una es pedir ser el rey de esta tierra, otra es pedir mucha pero mucha fortuna y otra es pedir que el gigante pueda revivir.

Pero al enanito no le importaba tanta fortuna, no, le importaba que su amigo gigante volviera. Entonces enseguida, respondió que quería que el gigante volviera a vivir y el hada le concedió el deseo… Entonces el gigante y el enano lucharon contra el rey y lograron vencerlo. Entonces el enano le dio el trono al gigante.

¿Se acuerdan del pueblito del enanito, que había quedado destruido? Bueno, el gigante le debía un favor al enano entonces le dijo a toda la tierra de gigantes que ayudaran a reconstruir el pueblito del enanito.
FIN

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