Escribí vos


Escribí vos15 May 2012 02:03 pm

Silvia Sosa es la mamá de Coni, una hermosa amiguita lectora de tres años a quien tuve el gusto de conocer en la Feria del Libro. Junto con su marido Javier, Silvia se esfuerza para que los libros y la lectura estén presentes desde bien temprano en la vida de su hija. Y lo disfrutan mucho en familia, al punto de armar “piyamadas” los viernes por la noche rodeados de libros durante horas y armando charlas llenas de fantasías. Además de ser fanática de la lectura, Silvia me ha enviado este lindísimo cuento en el que da muestras de tener pasta de escritora. ¡Que lo disfrutes!

El príncipe escritor

Por Silvia Sosa

Hace mucho tiempo en el Reino de Gurumbú nació un hermoso príncipe. Su papá el Rey decidió llamarlo Valentín ya que de las virtudes que pueden tener los príncipes la que el Rey más anhelaba para su hijo era la valentía.
El Príncipe Valentín creció sin problemas hasta que a los siete años ocurrió el primer episodio: en la clase de Justas (un deporte muy medieval) el Príncipe se aburría soberanamente, tanto que un día se quedó dormido mientras montaba su caballo, por ello fue severamente regañado pues los príncipes valientes debían ser caballeros campeones de Justas.
El tiempo pasó, y a los once el Príncipe roncó en la clase de política internacional principesca, esta vez además del regaño recibió un severo monólogo del Rey que lo instaba a ser un buen príncipe, noble y valiente como los demás. El Rey le hizo saber que algún día los Príncipes son reyes y no sólo dirigen un Palacio sino todo un reino y que para ello es imprescindible que aprenda lo básico que todo buen príncipe debe saber: luchar en batallas, ganar guerras, incrementar el oro del tesoro, comprar coronas a la Reina y todo eso. ¡Habrase visto un príncipe escritor!
Cuando un príncipe crecía y se convertía en Rey podía elegir entre algunas opciones: ser un rey empresario, es decir de los que fabrican ollas y cosas así; o un Rey agricultor y plantar soja, batatas o papas. También se podía ser un rey banquero o cualquier tipo de Rey que generara más tesoros. Cuando los príncipes se convertían en reyes se usaba mucho juntarse a comer con sus pares de otros reinos y entre pata de pollo y pata de pollo se medía a ver quién tenía más batallas, tierras, oros y carruajes. Y aunque aquella era una linda vida para príncipes a Valentín no le gustaba nada de eso…
Valentín se dio cuenta a medida que crecía que su oro era oír las risas de los niños, y que le encantaba dejar volar su fantasía e inventar historias. Amaba jugar mezclando las palabras y esconder mensajes con magia en los cuentos que inventaba… pero eso no era lo que los príncipes hacían…
Sonará raro pero en aquellos tiempos no era bien visto hacer lo que a uno le surgía del alma y así muchos vivían un poco sin sentido el rol que les tocaba. Pero Valentín no era un príncipe cualquiera; cuando nació un hada escuchó el deseo de su padre y lo bañó en polvito mágico de valor y así lo hizo sumamente valiente, tanto como para defender su deseo…

- Papá, quiero ser escritor – dijo Valentín una tarde de sol cuando él, su tío el duque y su padre practicaban con la espada.
- ¡¿Que qué?! – exclamó su padre atragantándose con su saliva y lanzando rayos por los ojos.
- Jajaja, un escritor… – rió burlonamante su tío el Duque.
- Hijo – dijo el Rey tranquilizándose -, claro que puedes ser un escritor, todos los príncipes escriben sus decretos, las historias de sus batallas y los inventarios de sus tesoros. Tranquilo, serás un buen escritor.
- No papá, quiero ser un escritor de historias de amor y magia, quiero poner alegría y risa en mis historias y contárselas a los niños porque me encantan sus ojitos brillosos de felicidad.
- ¡¡¡Es una locura!!! – agregó el Duque -, ¡¡¡dejar de ser príncipe para ser escritor!!!
Y por si le faltaba tirar un poco más de mala onda dijo:
- ¿Y de qué vas a a vivir?, ¿vas a ser hippie?
Al Rey casi le da un patatús, si no fuera por la Reina que vino corriendo casi se queda el reino sin Rey… El duque corrió con el chisme por todos lados ya que si el Príncipe no quería ser Rey le iba a tocar a él… ¿y Valentín?, Valentín ese día adelgazó como mil kilos, hacía rato quería decirle a su familia que deseaba ser escritor y sabía que no era fácil aquel camino; que más simple era ser Principe y chau pero bueno, además de valiente era también un príncipe honesto, tanto que no se podía mentir a sí mismo.
Desde aquella tarde de sol Valentín fue siendo cada día un poco más escritor y un poco menos aspirante a Rey (porque príncipe era desde que nació), hasta que un día pudo decir que era todo un escritor: se dio cuenta cuando en una feria medieval muchos acudían a comprar sus libros y cuando lo cruzaban le contaban lo lindo de disfrutar las historias que Valentín con tanta pasión escribía. Los chicos le pedían que le dedicara los libros y los papás con los ojos cargados de lágrimas de orgullo veían como el ídolo de sus hijos le firmaba los cuentos que cada noche compartían.
No fue fácil para Valentín, tuvo que remarla mucho, pero con los años fue cada vez mejor escritor, tanto que pudo vivir de eso y toda la pila y amor que el ponía en sus cuentos de a poco le fue volviendo en forma de reconocimiento, amor y premios; por sobre todo Valentín fue feliz, más que aquellos que comen perdiz.
¿Y el Rey?… bueno, el Rey con el tiempo comprendió que su deseo se había hecho realidad, tuvo un hijo tan valiente para luchar por su vocación hasta convertirse en el Rey de la literatura infantil.

FIN

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Escribí vos14 Oct 2011 06:34 pm

Me cuenta la escritora Betina Wajchman, que uno de los párrafos que más le gustan de todo lo que ha creado en el taller de escritura al que asiste, es el siguiente:

Como todas las noches me recuesto a su lado. Conversamos hasta que sus ojos verdes se cierran. La contemplo dormida. Me contagia serenidad. Con movimientos pausados para no despertarla entrelazo nuestros dedos. Es tan suave la piel de mi niña… su acompasada respiración dulcifica el momento.

Quedamos envueltas en la protectora transparencia del baldaquín de su cama, diseñado en forma de sombrero antiguo con una dalia de pétalos amarillos que retiene el frunce de la copa. ¿Soñarás princesas? Me pregunto.

Te amo,

Mamá

Pero no solo por los sentimientos que despierta en ella, sino también porque es una muestra de los innumerables caminos que tenemos por recorrer y que aun no imaginamos. Me comenta Betina que el hecho de escribir sobre el baldaquín de su hija le inspiró la idea de fabricarlos.

Y como una idea lleva a la otra, hoy le ha dado forma a su emprendimiento bajo el nombre de Tules de Princesa (www.tulesdeprincesa.com.ar) ¡Felicitaciones, Betina!

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Escribí vos21 Sep 2011 06:32 pm

El año pasado, cuando estaba en segundo grado, el escritor Gonzalo López Dómine escribió este cuento desbordante de acción y aventura, que hoy ha tenido la amabilidad de permitirme publicarlo en este espacio, con una ilustración también de su autoría. Que lo disfrutes:

La batalla de los peces y los piratas
Por Gonzalo López Dómine

Hace mucho tiempo el Pirata Barbablanca empezó a pescar para hacer sushi con el famoso pez gigante. Pescó la daga que Barbarroja perdió en una batalla contra el barbudo pirata y dijo: “¡Encontré una daga! Y me la voy a guardar”.

Barbablanca estaba en el séptimo mar y cerquita de él había un pirata que encontró muchos tesoros. Era el Pirata Cerebro y estaba preparándose para pescar. Mientras tanto el Pirata Barbablanca pescó al famoso pez gigante. El pirata Cerebro con su catalejo vio al pirata Barbablanca mientras subía el pez gigante al barco y se le ocurrió robárselo. Empezaron a pelear y el pez gigante cayó al agua. Entonces se tiraron al agua y vieron un tesoro que valía mucho. Cuando fueron a buscar el tesoro de repente apareció el papá del pez gigante; era tan grande que costaba lastimarlo.

Los piratas se hicieron amigos para derrotar al papá del pez gigante. Primero el pirata Barbablanca lastimó con su sable en la aleta al superpez. El pirata Cerebro lo atacó en la cola con su sable, después el malhumorado pirata le clavó la daga de Barbarroja y por último murió el papá del pez gigante. Luego de vencer al pez enemigo atacaron al pez gigante nene y lo derrotaron. Pero el pirata Cerebro lo estaba engañando al pirata Barbablanca.

Mientras el pirata de sable afilado peleaba contra ese pez, el pirata mentiroso se llevaba el tesoro a su barco. Barbablanca vio al pirata Cerebro llevándose el tesoro entonces clavó con todas sus fuerzas el sable en el casco del barco de su enemigo. Cerebro y el barco se hundieron y el pirata se murió porque la baranda de oro se le cayó encima y no lo dejó salir nadando. El tesoro se hundió con el barco, quedando en el fondo del mar.

EL pirata BB se quedó con el más grande de los peces para él y la princesa Blanquita Vladimira para preparar sushi y comerlo juntos y el pez gigante más chico se lo dio a la tripulación. Él se prometió que algún día iba a ir a buscar el tesoro que quedó debajo del mar en el barco hundido de Cerebro, su rival enemigo.

FIN

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Escribí vos29 Jul 2011 10:04 pm

Desde la provincia de Santa Fe, la escritora Andrea Mariela Zapata, que además es maestra jardinera y cuentacuentos, nos vuelve a deleitar con otra de sus creaciones. ¡Que la disfrutes!

Luna y media
Por Andrea Mariela Zapata

Y dicen que dicen, que cuentan y dicen que así fue….
Todas las noches la luna llena brillaba en el cielo feliz por su belleza. Desde lo alto miraba el campo y sentía mucha curiosidad por verse de cerca en la laguna, que parecía un espejo de agua.
Resulta que la traviesa luna redonda aprovechó cierta noche en que todas las estrellitas dormían suspendidas del cielo negro, y … rodando, rodando, pronto llegó a la laguna. Se miró de adelante, de atrás y de costado; se probó una lechuza en la cabeza, se puso vaquitas de San Antonio en las mejillas, se pintó la boca con pétalos de flores silvestres y se colgó un collar de camalotes. Los sapos se reían de tantas locuras de luna….
Los grillos al verla tan coqueta le regalaron una cri-cri serenata y los bichitos de luz bailaron a su alrededor.
¡Era una noche mágica y dulce!
Pero algo inesperado sucedió, las estrellas se despertaron y muy asustadas comenzaron a buscarla por todos los rincones del oscuro cielo. La luna al ver tanto alboroto de estrellas, decidió regresar apurada.
Y fue allí… que dicen, que cuentan y dicen, la luna se partió en dos mientras rodaba hacia arriba. Al llegar las estrellas quedaron asombradas, la luna redonda era ahora…¡Media Luna!
¡Qué disparate!
En el campo la otra media luna quedó atrapada entre los árboles.
Los bichitos llamaron al viento remolón, que se hamacaba tranquilo entre las hojas del sauce llorón, para que de un aventón la ayudara a regresar.
Y dicen que dicen, que cuentan y dicen… que el ventarrón fue tan fuerte que las medias lunas se encontraron en el cielo remendado de estrellas. Desde esa noche la luna picarona, es un poco tramposa…. Cuando veas Media Luna en lo alto, recuerda la otra media luna está jugando en el campo.

A.M.Z.

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Escribí vos02 Jul 2011 02:30 pm

Marcos Perez Muzio es un escritor de 6 años, más conocido en los círculos literarios como “Tato“, y es el autor de este hermoso cuento que nos habla sobre la importancia de la amistad:

El castillo de azul
Por Tato

Sofía (la mamá de Joaquín) y Joaquín iban en avión; ella sabía manejar aviones, y justo se puso a llover muy fuerte y no veían refugio. Hasta que Sofía vio un castillo gigante, pero el castillo era todo de azul. Entonces no tenían otro refugio que quedarse ahí.

Aterrizaron su avión y tocaron la puerta del castillo, les abrió un rey vestido todo de azul. Y fueron al despacho de él. Sofía le preguntó cómo se llamaba, pero el rey le preguntó cómo se llamaba ella. Ella le dijo que se llamaba Sofía y el rey le contesto que se llamaba Marcus; y le pregunto cómo se llamaba su hijo, le dijo que se llamaba Joaquín.

Sofía le preguntó si tenía una pieza, el rey le dijo que en el piso de abajo había una; como era tarde se durmieron. Joaquín se despertó porque tenía pesadillas, se levantó y no vio a su mamá. Fue a la cocina a ver si había ido a tomar un vaso de agua; pero le preguntó a la cocinera Noemí y le contestó que su madre no había estado en la cocina.

Se fue a la pieza del rey y lo despertó; y le dijo “Qué pasa niño”; Joaquín le dijo que no estaba su madre por ningún lado del castillo. El rey llamó a sus tropas y vino sólo el Caballero Negro; dijo con vos gruesa “¡Qué pasa ahí, rey!”. Él le contestó que a ese niño le desapareció la madre. Bajaron hacia el calabozo y en una parte del laberinto del calabozo oyeron ruidos; dieron vuelta al laberinto y por fin encontraron un pozo. Bajaron por las escaleras del pozo y fueron por adentro del pozo. Esos túneles eran tenebrosos, con murciélagos, y vieron un dragón todo azul. Y vieron a la mamá que la habían secuestrado. El Caballero Negro sacó su espada para cortarle la cabeza, pero el dragón sólo dijo que quería un amigo, porque todos se le iban. Joaquín le dijo que mejor subiera al castillo, que ahí iba a tener amigos; entonces subió al castillo y tuvo muchos amigos.

Y Colorín Colorete este cuento se acabete

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Escribí vos09 Abr 2011 08:30 pm

María Emilia Zalazar es una escritora de diez años muy tímida, que ha tenido la gentileza de enviarme su primera poesía y también la explicación completa de cómo llegó a ella. ¡Que la disfrutes!

Mi vida…
Mi primera poesía.

Por María Emilia Zalazar

Estoy en la playa, sentada en una esterilla con mi mamá y mi hermano, mi papá se fue a preparar la comida. Me llamo María Emilia, tengo diez años y estoy de vacaciones en Santa Clara del Mar en un dúplex frente a la playa. En realidad, tengo tres hermanos. El mayor se llama Pablo, tiene veintitrés años pero en unos días cumple veinticuatro. Su novia se llama Yohana, tiene su misma edad. Desde hace más o menos cinco años están de novios, se están preparando para casarse, los papás de Yohana están construyendo un departamento arriba de su casa para que ellos vivan ahí hasta que se puedan comprar una, y cuando eso pase, la van a usar para que la gente la alquile. Pablo y su novia están comprando, de a poco, los muebles para la casa. Ella es muy humilde, y su novio es algo molesto y lo aguanta, paciente. La quiero mucho.

Mi hermano del medio se llama David, tiene 20 años, hace como 5 o 4 meses se dejó con su novia Estefanía, asi que no tengo mucho que contarles de él, solo que es muy serio, que casi todas las noches va a jugar el fútbol y que adora salir con sus amigos, nada más.

Mi último hermano se llama Andrés, tiene 17 años, estaba adelantado en el colegio, por eso ahora va a empezar la facultad, no sé muy bien si sigue con su novia Jacqueline, pero seguro que no. Él es el que vino a las vacaciones con nosotros.

Voy a volver al tema del principio, el tema de la playa. Una nena y su mamá se acomodaron frente a nosotros, ella tenía una pelota, y jugaba con ella mirándome, parecía que quería jugar conmigo, pero yo soy tímida, no me animaba a hablarle, y como me incomodaba su mirada, miré para otro lado. Mi mamá se dio cuenta, y me dijo:

-Mirá como te mira, andá a a jugar con ella -yo no quería, me daba vergüenza, y le contesté:
-No, no me animo.
-Pero andá, ¿qué te puede pasar?
-No, no quiero.

Después de mirar para todos lados (por el paisaje), me dí cuenta de que más adelante estaba una amiga que conocí hace unos días, se llamaba Victoria, la conocí una vez que estaba haciendo como un sillón en la arena, nosotras nos mirábamos mucho, yo tenía ganas de que venga y me diga “¿Te ayudo?”, no sabía si eso iba a pasar, ella en un momento dijo:

-Voy a hacer un castillo de arena -la movió un poquito y volvió a hablar-: Me salen re-mal los castillos.

La ví, y me dí cuenta de que me miraba, yo pensaba “¿Me está hablando a mí o a su familia?”, pero después de unos segundos pasó lo que quería que pasara: se me acercó y me preguntó: -¿Te ayudo?
Yo le contesté con un “bueno”, y ahí nos hicimos amigas, hasta que dijo:

-Le voy a pedir a mi mamá “9 de Oro” -son unas galletas muy ricas (por las dudas no las conocen), y sus hermanos (o no sé qué sean porque no se parecían nada a ella) la llevaron al mar; yo justo terminé mi asiento y mi papá dijo “¿Vamos?”. Yo le tuve que decir que sí, pero como estaba fresco no la fui a saludar al mar; cuando salí de la playa me dí vuelta y ella me miraba con pena porque me había ido, y me quedé muy triste por lo que pasó, me caía re-bien, aunque casi no la conocía, pero lo único que podía hacer era mirarla desde el balcón a ver si me veía y la podía saludar, pero no me miró, y así quedé. Pero hoy la ví y le mostré a mi mamá que era ella, y me dijo que vaya a saludarla, pero tampoco me animé. Entonces, una fuerza me movió a ir con ella, le avisé a la má que iba y cuando llegué a donde estaba empezó la conversación:

-¿Te ayudo?
-¿Cómo sabías que era yo?
-Te ví de lejos

Ella estaba haciendo un pozo y otro de sus familiares hizo uno; como él iba más hondo, dejamos el nuestro y lo ayudamos. Su familia era como una ensalada de frutas, según ellos y según yo. Al final, todos los familiares lo hicieron con nosotros, y enterramos a uno ahí, y fue difícil sacarlo porque el agujero era muy chiquito. ¡Pobre de él! Al salir, fueron al mar, yo fuí, me saqué la ropa, me puse protector, y, de vuelta tímida, me mojé solamente los pies. No encontraba a Victoria, me volví con la má, que me avisó que ya estaba la comida, y esta vez no me quería ir sin saludarla, porque me contó que hoy se iba; por suerte la encontré, la saludé y le di mi e-mail para que podamos volver a charlar. Me volví a sentir triste por no verla más, y le dije a mi mami que no quería hacer más amigas en las vacaciones. Me dijo que en Santa Clara, hay un montón de nenas, y que solamente necesitaba abrirme más, y ahí salió mi primera poesía, la cual responde a su comentario…

Yo soy una ventana
de un día siempre frío
que nunca se abre
con miedo a que la sala se congele.

Mi explicación es que siempre estoy cerrada (tímida), porque tengo miedo de que mi interior se enfríe (o sea, que pase algo malo, igual a que yo pase vergüenza)…
M.E.Z.

¡Gracias, María Emilia! Y espero más poesías.

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