Silvia Sosa es la mamá de Coni, una hermosa amiguita lectora de tres años a quien tuve el gusto de conocer en la Feria del Libro. Junto con su marido Javier, Silvia se esfuerza para que los libros y la lectura estén presentes desde bien temprano en la vida de su hija. Y lo disfrutan mucho en familia, al punto de armar “piyamadas” los viernes por la noche rodeados de libros durante horas y armando charlas llenas de fantasías. Además de ser fanática de la lectura, Silvia me ha enviado este lindísimo cuento en el que da muestras de tener pasta de escritora. ¡Que lo disfrutes!
El príncipe escritor
Por Silvia Sosa
Hace mucho tiempo en el Reino de Gurumbú nació un hermoso príncipe. Su papá el Rey decidió llamarlo Valentín ya que de las virtudes que pueden tener los príncipes la que el Rey más anhelaba para su hijo era la valentía.
El Príncipe Valentín creció sin problemas hasta que a los siete años ocurrió el primer episodio: en la clase de Justas (un deporte muy medieval) el Príncipe se aburría soberanamente, tanto que un día se quedó dormido mientras montaba su caballo, por ello fue severamente regañado pues los príncipes valientes debían ser caballeros campeones de Justas.
El tiempo pasó, y a los once el Príncipe roncó en la clase de política internacional principesca, esta vez además del regaño recibió un severo monólogo del Rey que lo instaba a ser un buen príncipe, noble y valiente como los demás. El Rey le hizo saber que algún día los Príncipes son reyes y no sólo dirigen un Palacio sino todo un reino y que para ello es imprescindible que aprenda lo básico que todo buen príncipe debe saber: luchar en batallas, ganar guerras, incrementar el oro del tesoro, comprar coronas a la Reina y todo eso. ¡Habrase visto un príncipe escritor!
Cuando un príncipe crecía y se convertía en Rey podía elegir entre algunas opciones: ser un rey empresario, es decir de los que fabrican ollas y cosas así; o un Rey agricultor y plantar soja, batatas o papas. También se podía ser un rey banquero o cualquier tipo de Rey que generara más tesoros. Cuando los príncipes se convertían en reyes se usaba mucho juntarse a comer con sus pares de otros reinos y entre pata de pollo y pata de pollo se medía a ver quién tenía más batallas, tierras, oros y carruajes. Y aunque aquella era una linda vida para príncipes a Valentín no le gustaba nada de eso…
Valentín se dio cuenta a medida que crecía que su oro era oír las risas de los niños, y que le encantaba dejar volar su fantasía e inventar historias. Amaba jugar mezclando las palabras y esconder mensajes con magia en los cuentos que inventaba… pero eso no era lo que los príncipes hacían…
Sonará raro pero en aquellos tiempos no era bien visto hacer lo que a uno le surgía del alma y así muchos vivían un poco sin sentido el rol que les tocaba. Pero Valentín no era un príncipe cualquiera; cuando nació un hada escuchó el deseo de su padre y lo bañó en polvito mágico de valor y así lo hizo sumamente valiente, tanto como para defender su deseo…
- Papá, quiero ser escritor – dijo Valentín una tarde de sol cuando él, su tío el duque y su padre practicaban con la espada.
- ¡¿Que qué?! – exclamó su padre atragantándose con su saliva y lanzando rayos por los ojos.
- Jajaja, un escritor… – rió burlonamante su tío el Duque.
- Hijo – dijo el Rey tranquilizándose -, claro que puedes ser un escritor, todos los príncipes escriben sus decretos, las historias de sus batallas y los inventarios de sus tesoros. Tranquilo, serás un buen escritor.
- No papá, quiero ser un escritor de historias de amor y magia, quiero poner alegría y risa en mis historias y contárselas a los niños porque me encantan sus ojitos brillosos de felicidad.
- ¡¡¡Es una locura!!! – agregó el Duque -, ¡¡¡dejar de ser príncipe para ser escritor!!!
Y por si le faltaba tirar un poco más de mala onda dijo:
- ¿Y de qué vas a a vivir?, ¿vas a ser hippie?
Al Rey casi le da un patatús, si no fuera por la Reina que vino corriendo casi se queda el reino sin Rey… El duque corrió con el chisme por todos lados ya que si el Príncipe no quería ser Rey le iba a tocar a él… ¿y Valentín?, Valentín ese día adelgazó como mil kilos, hacía rato quería decirle a su familia que deseaba ser escritor y sabía que no era fácil aquel camino; que más simple era ser Principe y chau pero bueno, además de valiente era también un príncipe honesto, tanto que no se podía mentir a sí mismo.
Desde aquella tarde de sol Valentín fue siendo cada día un poco más escritor y un poco menos aspirante a Rey (porque príncipe era desde que nació), hasta que un día pudo decir que era todo un escritor: se dio cuenta cuando en una feria medieval muchos acudían a comprar sus libros y cuando lo cruzaban le contaban lo lindo de disfrutar las historias que Valentín con tanta pasión escribía. Los chicos le pedían que le dedicara los libros y los papás con los ojos cargados de lágrimas de orgullo veían como el ídolo de sus hijos le firmaba los cuentos que cada noche compartían.
No fue fácil para Valentín, tuvo que remarla mucho, pero con los años fue cada vez mejor escritor, tanto que pudo vivir de eso y toda la pila y amor que el ponía en sus cuentos de a poco le fue volviendo en forma de reconocimiento, amor y premios; por sobre todo Valentín fue feliz, más que aquellos que comen perdiz.
¿Y el Rey?… bueno, el Rey con el tiempo comprendió que su deseo se había hecho realidad, tuvo un hijo tan valiente para luchar por su vocación hasta convertirse en el Rey de la literatura infantil.
FIN
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