Docentes


Docentes25 Jun 2008 09:34 am

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Días atrás, tuve la oportunidad de acceder a las palabras que Ruth Chackiel, docente y amiga de este espacio, pronunció en su escuela con motivo de celebrarse en todo el país el Día de la Bandera. Su mensaje me pareció tan oportuno y distinto a los aburridos y predecibles discursos que debía escuchar en mi niñez, y que aún hoy se escuchan, que me dieron ganas de compartirlo con vos.

DISCURSO DEL DIA DE LA BANDERA*

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Hubo hombres y mujeres que imaginaron un pedazo de tierra donde ser libres, sujetos capaces de cumplir todos los sueños cueste lo que cueste.

Hubo hombres y mujeres que hoy son calles o monumentos, que son recuerdos y olvidos como Belgrano al que hoy recordamos. Personas que no actuaron solas, que necesitaron otras gentes que acompañaran sus ideas y ayudaran a concretarlas. Eso fue hace 200 años y hoy la escuela es la encargada de reeditar ese compromiso pero teniendo en cuenta los nuevos tiempos que corren.

Por eso pensamos que era necesario dar un giro a esta promesa de lealtad a la bandera que hoy se producirá aquí con los chicos y chicas de 4º grado, buscando nuevos sentidos que convoquen a nuestros alumnos y comprometerlos sinceramente conduciéndolos por un camino de comprensión de sus acciones.

Les proponemos entonces pensar este momento como un nuevo ingreso a la sociedad, el abrir las puertas para que las niñas y los niños comiencen su tarea futura de ciudadanos activos. Queremos generar conciencias en nuestros alumnos que les permitan actuar con sentido y tenemos que ofrecerles aumentar su potencia de actuar, que no se resignen a que les pasen cosas, sino que sean actores.

Hoy estamos ante los poderes que monopolizan la palabra, y se ve claramente en el ámbito de los medios de comunicación. Contra eso luchamos para lograr la pluralidad de la palabra, que un pensamiento único deje de ser el sentido que nos guie y que todos podamos tener una voz que sea escuchada.

Vivimos una crisis de la modernidad, una crisis de las formas mismas de pensar.

Los valores están en crisis pero no porque haya ausencia de ellos, sino porque hay muchos valores dispersos entre nosotros. Cada uno tiene sus propios valores y cree que son los más importantes, los que se deben sostener.

Para superar esta crisis debemos pensar que no importa la dispersión de valores, mientras haya un acuerdo en principios básicos de convivencia. Debemos respetar los valores de todos siendo tolerantes con ellos porque de eso se trata la convivencia, de preservar la tolerancia. Pero esa tolerancia debe ir unida a un verdadero interés por el otro, por preocuparse y querer aprender del otro. Si no hay intercambio no hay sociedad.

Y en la escuela se trata de que los adultos toleremos las nuevas formas de expresión que traen los jóvenes, que permitamos cambiar las prácticas para resignificar las acciones como es el caso de la promesa de la bandera, que agiornemos la forma de honrar a la patria honrando a la vida por sobre todas las cosas, trabajando para ser ciudadanos libres, justos y autónomos.

Y aquí cabe preguntarnos ¿cómo vamos a aprender que la libertad es también justicia e igualdad y que la igualdad no es otra cosa que el profundo respeto por la libertad, si no desocultamos el problema de que la libertad y la igualdad solo se reconcilian en la solidaridad? Seguramente esta pregunta se responde reconstruyendo el espacio de lo público, y ese es el espacio que está brindando la escuela. Pero no es simplemente lo público el lugar donde tenemos que respetar la diferencia de valores, sino donde tenemos que aprender a valorar lo común.

Cuando contamos una historia siempre estamos volviendo a renovar el significado de ella. Hoy no somos los mismos que mañana porque nos pasan cosas diferentes, o porque cuando relatamos omitimos algunas partes o agregamos otras. Por eso no debemos dejar de contar nuestra historia, porque siempre se resignifica, siempre cambia según diferentes situaciones que vamos viviendo.

Por otra parte no olvidemos que la memoria es abrir siempre de nuevo el pasado, es poder resignificarlo como alternativa para el presente, es encontrar las huellas del otro en sí mismo para poder justamente abrirse al otro que interpela.

Es difícil ser justo sin memoria sencillamente, porque no se reconocen ni los sabores, ni los olores, ni las formas del otro.

Por último y para terminar quiero traer una pregunta que un profesor mío siempre se hace. Cullen se pregunta: “¿Educamos hoy, en esta crisis de valores, para construir sujetos que sepan cargar valores que otros les imponen, disciplinándolos por el miedo y la culpa? ¿Educamos para construir sujetos que sepan negar valores que otros les imponen disciplinándolos para que vivan solos y construyan cada uno su desierto, en el ciberespacio o en el espacio de la desocupación, de la miseria y de la exclusión? ¿O queremos construir sujetos que sepan crear jugando con otros valores nuevos porque se animan a poner en común el poder, la información y la riqueza?”.

Tomemos la palabra, animémonos a pensar, dejemos que se tome la palabra, que circule la palabra, porque la palabra reúne, y si no la congelamos, seguramente se abrirá una esperanza y una alternativa.

* Este marco teórico es tomado integramente de diferentes escritos del Profesor Carlos Cullen, a quien siempre estaré agradecida por sus enseñanzas.

RUTH CHACKIEL
Profesora de Enseñanza Primaria
Especialista en Ciencias Sociales con mención en Curriculum y prácticas escolares en contexto

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Docentes24 Jun 2008 01:01 pm

…si entrás en mi sitio (www.fernandodevedia.com) y clickeás sobre la caja con tizas de colores vas a encontrar un montón de proyectos de lectura para el aula?

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Desarrolladas por Silvia Finder Gam, que de esto sabe mucho, hay diversas actividades para incentivar la lectura basadas en ideas, personajes y dibujos de varios de mis libros (El mago Bambini, Marvin Marbles, La oficina de los besos perdidos, Lalo Lalupa y El pescador de Estrellas).

¡Ojalá que te sirvan!

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Docentes17 Jun 2008 10:26 am

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¡Todavía estás a tiempo! Gracias Finder por esta info.

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Docentes05 Jun 2008 06:17 pm

Nuevas anécdotas de Marta, docente jubilada con cuarenta años de escuela pública, pequeño homenaje a todas las maestras de nuestro país.

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Primer día de clase. Desde temprano, los niñitos y sus mamás esperan la campanada que indique silencio para todos. Estan nerviosos, esperando que cada “señorita” les indique en qué lugar deber colocarse cada uno. Algunos lloran, no quieren separarse de sus mamás. Son los nuevitos, que inician Primer Grado y será la sonrisa y la voz alegre de su “señorita” la que les haga recobrar la calma. Ya en el aula, los cantos y cuentitos comenzarán a acercarlos más los unos a los otros. La señorita, de a poquito, tratará de conocer la historia de cada uno: de Juancito, de Martita, de Elena, de Carlitos, de Fernandito…

Y aquí comienza la preocupación de la “seño”. Fernandito tiene problemas en sus ojitos, no están derechitos, le cuesta mucho mirar, observar dibujos, debe esforzarse mucho. Al cabo de unos días, la señorita llama y conversa con la mamá de Fernandito sobre el problema. Le explica que tiene solución, que los médicos pueden enderezar sus ojitos. Pero la mamá, quizás por miedo, no se muestra interesada. Y Fernandito, con grandes esfuerzos de su parte, comienza a leer y escribir. Así transcurren los meses…

A mitad de año, por razones de salud de su mamá, Fernandito debe pasar al turno tarde: cambio de “seño”, de compañeritos y muchos esfuerzos más para continuar.

Pero en la fiesta de fin de curso, ambos turnos se juntan. Y es así que la “seño” buscando entre tantos a Fernandito, siente que tironean de su pollera y oye una vocecita que la llama. ¿Y a quién descubre? ¡Es Fernandito!, que, con una gran sonrisa, la mira con sus ojitos (¡oh, sorpresa!) derechitos. Y su papá, con cara feliz, se acerca a la “seño” y le dice “¡Gracias!”.

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Docentes13 May 2008 05:26 pm

Hoy Marta, docente jubilada con más de cuarenta años de escuela pública, nos recuerda a su manera cómo era el festejo de una fecha tan importante para nosotros como el 25 de mayo:

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¡Era un día glorioso! Se veían muchas banderas argentinas en los frentes de las casas. Desde temprano las bombas de estruendo despertaban a la gente y chicos y grandes se contagiaban la emoción de festejar el 25 de mayo.

La escuela ya estaba preparada para recibir a los niños y a los grandes. Los pequeños lucían sus guardapolvos almidonados y relucientes y se destacaban en ellos la escarapela celeste y blanca. Las señoritas, o sea, sus maestras, los recibíamos en la puerta y todos juntos ocupaban sus lugares esperando el momento de ver entrar a nuestra querida Bandera, llevada por el o la mejor alumna de 6° grado y acompañada por otros niños de los demás grados, todos orgullosos del lugar que ocupaban. ¡Todos aplaudían! Y luego, silencio, para escuchar y cantar el Himno con mucho respeto.

Después la Directora u otra maestra recordaba a todos el significado de la fecha, que nunca se postergaba por ninguna razón. Venía luego el momento de retirar la Bandera. Porque a continuación, ocupaban el escenario los alumnos que recitaban, bailaban folklore o cantaban canciones referentes a la fecha patria.

Y cuando todo concluía, la fiesta terminaba con la tan esperada taza de chocolate, que, entre risas y juegos, los niños y los grandes bebíamos felices.

¡Gracias, Marta! Y esperamos más recuerdos.

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Docentes26 Abr 2008 02:02 pm

Nuevamente Marta, una docente jubilada con más de cuarenta años de escuela, nos deleita con sus anécdotas de aquellos tiempos. Sirva este espacio como pequeño homenaje a todas las maestras de nuestro país.

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Hoy voy a hablarles de un día feliz.

Eran seis hermanitos que iban a mi escuela, y que tenían entre 12 y 7 años. Todos fueron mis alumnos. El papá era profesional y la mamá violinista. A través de los chicos yo sentía que se cuidaban entre ellos.

Ese año estaba conmigo en Primero Superior, Carlitos, robusto, de cachetes rosados y ojos renegridos, y muy serio. Todos en general eran impuntuales. ¿Con qué excusas? “Se rompió el despertador”. “Roberto amaneció con fiebre”. “A Lety se le rompió el zapato”. Pero a pesar de lo poco que estudiaban, como eran muy inteligentes, lograban adelantar.

Mi querido Carlitos luchaba con la escritura y yo no lograba verlo con una sonrisa feliz. Una mañana, entró más tarde que de costumbre, me saludó nervioso y se sentó. Cuando sonó la campana del recreo y todos salieron al patio, observé el guardapolvo de Carlitos, ¡que le llegaba hasta el suelo! Lo llamé disimuladamente y le pregunté “¿Qué te pasó?”. Entonces me contestó: “Señorita, era el último que quedaba en el perchero”.

Una gran carcajada cariñosa me brotó del pecho. Lo abracé con un abrazo de oso, mientras por primera vez, lo vi reírse conmigo y los dos, ese día, ¡fuimos muy felices!

¡Lindísimo, Marta! Y esperamos más de tus anécdotas.

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