Terminó una semana muy movida y conmovedora para mí, por las cosas lindas que viví y porque tuve el placer de conocer gente sorprendente, verdaderos trabajadores de la cultura.

Al día siguiente de haber estado en el Colegio San Miguel, que ya te conté, me subí al auto y puse rumbo a Venado Tuerto, invitado por la Biblioteca Popular Juan Bautista Alberdi. Allí me encontré con Arturo Miranda Rocha, quien desde hace pocos meses es presidente de esta institución, que con noventa y dos años es la más antigua del suroeste de la provincia de Santa Fé, cabecera de núcleo de Bibliotecas Populares de trece localidades de esa zona.

Arturo, junto a su señora Karina Gramajo y la Comisión Directiva, vienen desarrollando muchísimas actividades en muy poco tiempo, con una política de puertas abiertas para la población, que pretende acercar cada vez más gente a sus treinta mil libros e integrar a todo aquel que tenga algo para aportar.

En el amplio auditorio hice dos presentaciones: una para chicos y chicas de varios jardines de infantes, con magia y la representación a cargo de un grupo teatral de reconocida trayectoria en la zona (Grupo Rodolfo Aldasoro) de uno de los cuentos del profesor Lalupa. Emocionante para mí y muy divertido para los chicos.

La otra, unas horas más tarde, fue mi charla “Hay que poner de moda la lectura”, para público en general y docentes.

Sólo tengo palabras de agradecimiento por el respeto y la atención con la que me trataron, y de felicitación por tanto esfuerzo con logros y los buenos proyectos que tienen por delante.

Mis mejores deseos y un abrazo cálido para Arturo, Karina, la Comisión Directiva y el personal que hace de la Biblioteca Alberdi un lugar donde los libros cobran vida todos los días.
¡Hasta muy pronto!

El fantasma de la hamaca

Tras pasar la noche en Venado Tuerto y levantarme tempranito, arranqué para Capitán Bermúdez, muy cerca de Rosario. En el camino aproveché para parar en una placita, cerca de Firmat, que se hizo famosa en los diarios por tener una hamaca que se mueve sola.

En busca de inspiración para un cuento de terror de Morton Fosa, me bajé para verla. Allí estaba, en medio de otras dos hamacas, rodeada por una cerca que impide el paso de curiosos. Lamentablemente las tres hamacas se movían por igual, porque el único fantasma era un viento fuertísimo que sopló durante todo el día. Otra vez será.

Capitán Bermúdez me espera

Doscientos kilómetros más adelante, llegué al Jardín de Infantes “Los Paraísos”.

Un mail con mucha pila de Laura Godino, una de las seños, contándome que estaban por inaugurar biblioteca y querían nombrarme Padrino, me animó a ir. Así fue que descubrí un grupo de docentes con un amor muy grande por los chicos y por su profesión, con una Directora con mucha polenta y capacidad, que con esfuerzo vienen haciendo obra, enseñando y dando contención a más de 300 pibes.

Hice un poco de magia y charlé con los chicos del turno mañana y después con los de la tarde. Me divertí muchísimo, especialmente con las “payasadas” de Laura, que también es profe de teatro, y les sacaba carcajadas a esas criaturas.

Me volví a Buenos Aires con el corazón re-blandito de tanto cariño y de los besos que me dieron los chicos. Tantos que todavía no me quise lavar la cara.

¡Gracias por un momento inolvidable! Y ojalá que volvamos a vernos.

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