Tapa Revista NuevaHabía una vez un hombre que convocó a la paciencia, la voluntad, la constancia y la pasión para pelear por el sueño que lo desveló toda su vida: escribir para niños. Un buen día, logró su cometido. “Si estás convencido de los pies a la cabeza de lo que te propones, el momento llega”, dice Fernando de Vedia (45 años), el hombre en cuestión, quien abandonó la comodidad de un trabajo estable para transformarse, en la actualidad, en uno de los autores más leídos de la literatura infantil argentina. Previo a su presente, existe un pasado que nos remonta a un Fernando de ocho, nueve, quizás diez años, que creaba obras de teatro, novelas o descifraba los trucos de la caja mágica que le había regalado su tía Kuky. La magia también le valió para inmiscuirse en la inocencia de los chicos. “Siempre me fascinó inventar historias y personajes. Escribo desde que tengo memoria, pero lo tomé seriamente cuando nacieron mis sobrinos. Les narraba mis relatos y les encantaban. Lo hacía en paralelo con mi labor de redactor publicitario en importantes compañías. Me sentía Diego de la Vega y el Zorro: las corporaciones y los cuentos infantiles no se llevan bien; pocas personas sabían de mi alter ego”, recuerda Fernando, que, en rigor, no es De Vedia (es un seudónimo que esconde una curiosa anécdota, pero prefiere mantenerla en el anonimato). “La vocación comenzó como hobby, pero creció más. La llegada de mi hija Clara (de seis años) fue el impulso definitivo para publicar, A los meses, se agotó el libro debut: El inventor de la calesita. Entonces, con la editorial pensamos: ‘acá hay más que un hobby’. Y editamos el segundo… ¡y llega’ mos al décimo! Allí sentí que concluyó mi ciclo en la empresa y, a fines del 2006, renuncié. ¡La cara de mis compañeros cuando se enteraron de mi otra faceta! ¡No podían creer cómo lo había mantenido en secreto! Ahora me dedico a mi verdadera esencia”.
Un cambio de vida. Al fin y al cabo, Fernando se animó a más: “Me jugué por mi sueño. Me iba muy bien, no fue fácil perder el respaldo económico, pero los libros funcionaron. No fue una decisión rápida, sino un largo proceso de profundos cambios. Fue un renacer, vivir una segunda vida dentro de la misma. No lo podría haber hecho sin el apoyo de mi familia, de mi mujer María, con quien estoy casado hace 16 años. Es mi crítica más acérrima, una fuente de mejora y una fuerza enorme para torcer mi rumbo”. Tarde o temprano, la valentía trae sus frutos. Algunos de sus más célebres títulos (con reediciones y más de 70 mil ejemplares vendidos) son Paco del Tomate, La oficina de los besos perdidos, El mago Bambini, Marvin Marbles y el príncipe de los desterrados, Las espantosas historias de Morton Fosa y Lalo Lalupa.
Cuentos cortos y novelas de fantasía, aventura o terror… su obra abarca un rango de edad que se extiende desde los 4 hasta los 12 años. Y el éxito golpeó su puerta: su stand fue furor en la última Feria del Libro. “Salvo el círculo íntimo, nadie sabía lo que hacía -acota-. Fui a la Feria con el miedo de que el público no se acercara a mi escritorio. Hasta llamé a un par de amigos para que fueran con sus hijos (risas). Cuando llegué, un sinfín de chicos me esperaban. Fue una experiencia maravillosa, noté el capital que había reunido”. Fernando define su obra con dos palabras: “tierna” y “divertida”. “Se basan en un personaje central, un antihéroe: el inventor de cosas inútiles, el mago que devela sus trucos, el arqueólogo que nunca descubre nada. Al final, logran su objetivo. Los niños no se identifican con el ser perfecto. Por otro lado, no hay moralejas ya que ellos sólo quieren entretenerse. Aunque una palabra, aun sin proponértelo, transmite un valor; pero debe ser espontáneo”, explica quien ahonda en temas como la amistad, la tarea en equipo y el amor. La fórmula parece dar resultado ya que, confiesa, el feeling con sus lectores es único. “Me ayuda el vínculo con Clara y las visitas que hago a los colegios -agrega-. Me da mucho placer el humor infantil. Es una forma de que la inocencia permanezca en algún rincón del corazón; de preservar la pureza en un mundo tan contaminado.

Por otra pane, la devolución que te hace este público… ¡Son crudamente sinceros! Te adoran o te critican brutalmente. Me encanta que no haya doble mensaje, que sean exigentes y no los conmueva cualquier relato. En mi Web dejan comentarios muy dulces; eso es una confirmación más de que no puedo reducir esto a un pasatiempo”. Fernando se reconoce como poco metódico al sentarse frente a la computadora. No tiene horarios estrictos; es decir, es bastante caótico. Puede concluir un libro en dos años, seis meses, una semana o un día. Depende de la caprichosa inspiración. “Clara me estimula, me conecta con su mundo, su lenguaje. Es un
disparador de ideas. ‘La oficina…’ son las desventuras de un papá al que se le pierde el beso de su hija. Una mañana, desde su ventana, ella me mandó un beso volador. Me pregunté: ¿qué pasaría si ese beso no hubiese terminado en mi mejilla? La sensibilidad está a flor de piel”, detalla quien tiene como modelos a J.K. Rowling, Roald Dahl, Ricardo Marino, María Elena Walsh y Luis Pescetti.

Tiempos modernos

Antes de dormir, Fernando le lee un cuento a Clara. Las estadísticas arrojan que cuatro de cada diez menores de 10 años no transitan esa experiencia en sus casas. Fernando opina: “Sin dudas, leemos menos. Pero se contrapone con el millón de personas que van a la Feria. El libro está visto como un objeto de consumo y no de lectura. Hay que generar una nación de lectores para que los chicos sean pensantes, tengan espíritu crítico y libertad de opinión. La TV, la computadora y los videojuegos deben convivir con los libros. El rol de los padres es primordial. Es necesario leerle al niño, ¡pero nosotros también debemos leer, somos sus guías! Los docentes deben fomentar el hábito; y los autores, ofrecer material interesante. Hay que poner de moda la lectura. Harry Potter logró que un niño devorara 500 hojas en tres días. Pero si leen sólo eso, no sirve como una iniciación. Faltan estrategias y políticas”. Mientras tanto, Fernando se colma de sueñitos (el máximo ya lo alcanzó). Que su hija le pida otro cuento o que su obra desembarque en la TV, el teatro o el cine. ¿Otro importante? Aportar un granito de arena en el proceso de formación de los niños y que, en un futuro, sean ellos los que compartan con sus hijos un texto de de Vedia. En una palabra, trascender.

Enviar este artículo por e-mail Enviar este artículo por e-mail

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...