De a poco, tras el nacimiento de Joaquín y la gripe porcina cerrando instituciones, estoy retomando las visitas a los coles. Así fue que la semana pasada visité el Santa María de Luján, en San Isidro, junto a mi querida amiga Nélida Saad de la Feria Cuánto Cuento. Invitados por sus autoridades y Gladys Proietti, su bibliotecaria, compartí un rato delicioso con más de cien chicos de quinto, sexto y séptimo. Cada vez que veo que entran los chicos de séptimo, por un instante me agarra un poquito de cosa en el estómago porque sé que muchos están en esa edad en la que se empiezan a sentir grandes y temo que, ante la presentación que yo hago, no sólo con narraciones sino también con bromas y magia, se muestren desinteresados. Por suerte otra vez me equivoqué y me encontré con un grupo de chicos motivados, curiosos, con ganas de pasarla bien y aprender. Prueba de ello fue la cantidad de preguntas inteligentes que me hicieron al final, que tuvimos que cortarlas para que pudieran almorzar.

El colegio Santa María de Luján fue fundado en el año 1892 para que funcionara como asilo; desde entonces hasta hoy mucho y muy rico es el camino recorrido. El edificio impresiona al recién llegado por su tamaño y comodidad, y la sala de actos en donde nos reunimos no tiene nada que envidiarle a un teatro del circuito profesional, tanto por su espacioso escenario, su piso de madera y hasta un pullman.

Mención especial merece Gladys, la bibliotecaria, alumna del colegio en jardín, primaria y secundaria, al egresar estudió magisterio y, luego de un año, comenzó a trabajar en la institución como auxiliar de bibliotecaria. Toda una vida ligada al Santa María, con ganas, pasión por su tarea y buena onda.

Sólo me queda agradecer la invitación y el buen momento que me hicieron pasar, y mandarles un beso grande a todos los chicos.

¡Hasta la próxima!

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