Con apenas once años, el escritor Nuri Montero, a quien tuve el gusto de conocer en la Feria del Libro, continúa consolidando su carrera de creación con relatos que sorprenden por sus ideas y su estilo. Esta vez nos conmueve con una historia fuerte, no apta para depresivos, que habla de un futuro probable, porque hace rato que la ciencia ficción ha sido superada por la realidad:

El último sobreviviente
Por Nuri Montero

Mi nombre es… ¿y qué importa mi nombre? Después de todo, el nombre es algo que se usa para distinguirse de otro, pero… ¿de quién voy a distinguirme cuando en toda Buenos Aires no hay una maldita persona? Además tengo tantos nombres que del único que me acuerdo es del que utilizaba cuando no había visto las cosas que vi y que no tendría que haber visto a mis catorce años de edad. Mi nombre es Cristian Bravard. Debo dejar esto como legado, porque puede ser que mañana yo ya no exista, pues mañana un soplo de viento puede desintegrarme hasta convertirme en polvo y la más dulce y delicada caricia podría serme mortal. Sí, tal vez mañana esté muerto pero nada me impedirá que escriba esto.

Todo fue demasiado rápido y demasiado horrendo para ser verdad. Pero no adelantaré nada, después de todo quiero que el lector lea esto atentamente. Este es el futuro, este es el destino, la inevitable, terrorífica y a veces incómoda verdad, es lo que les aguarda a ustedes en el año 2015. Fue, según recuerdo, el 2 de abril, cuando en Estados Unidos dieron a conocer mundialmente una gran noticia, habían desarrollado una vacuna que según ellos, los estadounidenses, era la solución para todos los problemas del mundo. Un medicamento que decían, les permitía controlar los átomos, por supuesto nadie sabía las oscuras consecuencias que traería esta diabólica, engañosa y mortal vacuna que acabó por destruir el mundo entero.

Pronto la vacuna llegó aquí, a Argentina. Si controlabas los átomos controlabas todo, la dureza de las cosas, la desintegración de los cuerpos en pequeñas partículas. Todo era genial, todos fueron vacunados en todo el mundo o la gran mayoría de las personas. ¡Hasta yo me vacuné! Podía volar, atravesar las paredes con sólo pensarlo. Pero, tal vez los dioses enojados porque nosotros intentamos superarlos, hicieron que la gran Solución se disolviera como nuestros cuerpos en partículas. Lo que ocurrió después fue horrendo, asqueroso, repugnante.

Era un día de escuela normal, como todos, llegué a ella partícula por partícula y luego todos fuimos a las aulas a otro día de colegio. Pero ese día pasó algo que nadie esperaba, algo que sobrepasó los límites de la rareza, que rompió la barrera de lo increíble y traspasó la línea de lo inimaginable y lo fantasioso. Una niña de mi grado empezó a tener arcadas y los ojos se le pusieron blancos, todos retrocedimos y la miramos fijamente y vimos que la cara se le estaba cayendo como si alguien hubiera martillado con todas sus fuerzas una cabeza de piedra y pequeños pedazos de roca le cayeran del rostro. Pero por supuesto ¡sus átomos se habían sobrecargado hasta ser demasiado densos y la niña se desintegró! Todos horrorizados salieron corriendo y, para que negarlo, yo me asusté tanto como ellos o más. Corrí directo a mi casa sin utilizar ni medio control de átomos y cuando llegué, aterrorizado, abrí la puerta con mi llave.

Grité y lloré, pero me respondió nada más que un vacío silencio. No había nada… nadie…

Fin

Gracias por compartir tu obra en este espacio, Nuri. Queremos más.

Enviar este artículo por e-mail Enviar este artículo por e-mail

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...