Sos bienvenido a esta nueva sección, que de aquí en más reflejará mis charlas con aquellos que, de una manera u otra, han dejado una huella en mi vida profesional. Busqué en el diccionario de la Real Academia el significado de la palabra “capo”, y encontré dos posibles acepciones:

-Jefe de una mafia, especialmente de narcotraficantes.
-Persona con poder y prestigio o muy entendida en una determinada materia.

Me pareció que la segunda era mejor, y acertadísima para hablar de gente por la que, además de sentir un profundo cariño personal, respeto y admiro con ganas.

Y para inaugurar esta serie de entrevistas, no podía menos que comenzar por mi editora Silvia Portorrico.

foto-portorrico-3-anos.jpg Silvia a sus tres años, siempre con un libro en la mano.

Silvia, además de ser la editora de mi sello, Editorial Atlántida, fue quien, hace casi diez años, leyó mis manuscritos, que habían golpeado unas cuantas puertas sin suerte, y levantó el pulgar para su publicación. Así, gracias a su confianza y al respaldo de la Editorial, nació mi primer libro “El inventor de la calesita”, que en seis meses agotó su primera edición, abriendo maravillosas posibilidades para mi incipiente carrera de escritor.

Pero no sólo eso; además, desde el primer día, fue como un taller literario ambulante para mí, ayudándome a encontrar mi estilo, a tratar de superarme, corrigiendo mis escritos, destruyendo finales enteros o cambiando la dirección de un cuento por completo, logrando que mi bronca inicial (“¿pero quién se cree que es esta?”) se convierta en “¡cuánta razón tenía!”.

Si querés saber qué es lo que hace un editor, cómo manejan el tema de los escritores inéditos que les hacen llegar sus creaciones, cuál es el pensamiento de una profesional de primera como Silvia, no te pierdas esta charla. Espero que te guste.

Una visita a Disneylandia

Cuando entro en la oficina de Silvia Portorrico, me siento reconfortado. Siempre tiendo a creer que soy el único ser en el mundo que puede trabajar e inspirarse rodeado de papeles desordenados, cajas, libros y demás. Envidio profundamente a aquellos que logran mantener su escritorio pulcro durante la jornada de trabajo. La oficina de Silvia es una mezcla de papeles desordenados, cajas, libros, libros y más libros. Y un lapicito que, de tan pequeño, parece a punto de desaparecer, pero que ella sigue utilizando (¿será una cábala?). Señal de mucho trabajo, mucha actividad, hermosos libros de todo tipo, nacionales e importados, con sus páginas abiertas, originales de ilustradores de primera línea listos para entrar en máquina, textos de primera mano de autores consagrados y no tanto… Sentado ahí con Silvia es imposible no sentirse en Disneylandia. Pero ella no es Minnie ni Daisy, la esposa del Pato Donald, sino una profesional con veinticinco años de carrera junto a los libros infantiles y juveniles.

Convocada en ese entonces por Silvia Castrillón, de la Asociación Colombiana para el Libro infantil y Juvenil, comenzó allí con la tarea de leer el material que llegaba de editoriales de todos los países de habla hispana y escribir su opinión en una ficha que luego ordenaba alfabéticamente. “Era como estar en el paraíso; por primera vez recibía un salario por hacer lo que más me gustaba: leer libros para niños”.

- Sin embargo, también te atrapó la docencia.
- Sí, fui docente en todos los niveles, trabajé con niños muy
pequeños y con adultos, en educación formal y en educación popular. Siempre me gustaron los proyectos que involucran a la gente que no tiene acceso a la educación, entre otras muchas cosas. Una de mis últimas experiencias en ese campo fue en el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) donde trabajé junto a María Elvira Charria, Germán Mariño y Luis Fernando Sarmiento en un magnífico proyecto llamado “La gran aventura de leer y escribir”.

Coordiné infinidad de cursos con maestros, bibliotecarios y agentes culturales, viajé por toda Colombia y otros países de América Latina. Finalmente aterricé de vuelta en Buenos Aires y desde hace ocho años soy editora en Editorial Atlántida.

“¡Uauuu!”, pensé para mis adentros. “Y yo que no me moví de Floresta”. Una vez sobrepuesto de la extensa actividad que me contaba esta mujer de ojos claros y mirada mitad alegre, mitad melancólica, dije:

- Justamente de eso quería que habláramos, de tu tarea. ¿Qué es lo que hace un editor de libros? Creo que mucha gente no tiene idea de la importancia que encierra esta labor, eslabón fundamental para la publicación de una obra.
- Es cierto. Un editor se ocupa de seleccionar y desarrollar los títulos que van a conformar un plan editorial. Hay diferentes tareas dentro de la edición: están los editores que buscan a los autores y piensan en nuevos proyectos, los que realizan la edición y corrección, y los que hacen un poco de todo. También los que se especializan en libros infantiles y juveniles, o en libros de ficción, de no ficción, científicos, libros de texto, enciclopedias, entre otros y en editoriales muy grandes, hay quienes se ocupan solo de una línea en particular, por ejemplo, libros de cocina. Todas son tareas muy complejas. Cada vez que publico un libro me siento muy feliz, aunque sé que voy a recibir críticas de mucha gente, eso me ayuda a mejorar, a buscar nuevas propuestas, a arriesgarme con diferentes temas. Es realmente un trabajo apasionante.

No tengo dudas de que es así. Esa felicidad y esa pasión que menciona Silvia, se ven reflejadas en cada uno de sus libros.

- Además de elegir y coordinar el texto con la ilustración y el diseño, ¿tu responsabilidad llega hasta el producto terminado y exhibido en las estanterías de una librería?
-Es un trabajo en equipo. Una vez terminado el libro pasa a manos del Jefe de producción, quien se ocupa de la preproducción, las pruebas color, los retoques y logra con su magia que la impresión sea impecable. En ocasiones ocurre que el libro está muy bien logrado y cuando sale de imprenta ves algo totalmente diferente a lo que habías planeado, problemas con el color, pliegos intercambiados, un papel de baja calidad. Todo esto hace que el producto pierda su valor. Por eso el trabajo de producción industrial es tan importante. Luego viene el tema de distribución, venta y promoción. Todos estamos al tanto del trabajo de los demás, porque del buen funcionamiento de todas las áreas, depende el éxito de un libro.

- ¿Cuántos libros llevás editados desde tus comienzos?
- No sé exactamente cuántos, nunca me puse a contarlos, pero alrededor de seiscientos seguro.

- Una cifra que impresiona, Silvia. ¿Cómo se hace para alcanzar algo así? ¿Se estudia para editor, o existen carreras afines que pueden ayudar?
- Actualmente hay una carrera en la UBA que te otorga el título de “Técnico en edición”. Pero hay muchos buenos editores que jamás estudiaron una carrera afín, aunque la mayoría provenimos de Letras.

- Imagino que, dentro de las responsabilidades que enumeraste, una de las más difíciles debe ser rechazar un manuscrito que te ha enviado un escritor inédito o con libros ya publicados. ¿Cómo te manejás vos al respecto? ¿Qué le recomendarías a quien desea llegar a ver su obra publicada?
- En la editorial siempre solicitamos que antes de mandar un material nos escriban un correo comentando qué es lo que van a enviar. Así podemos orientarlos acerca de qué tipo de libros necesitamos y si lo que el autor tiene está dentro de esa línea, con gusto lo recibimos. Lo que no hacemos es comprometernos a dar una respuesta a cada uno de los autores porque nos resultaría imposible. Aunque no lo creas, algunas personas se enojan con nosotros por ese motivo, pero tienen que comprender que nos llegan infinidad de propuestas. Mi recomendación es que los escritores inéditos busquen la manera de acceder a buenos talleres literarios donde, además de compartir sus escritos y oír los comentarios de otros, les darán excelentes recomendaciones acerca de cómo presentar un proyecto para que sea publicable.

sin-titulo1.jpg Silvia hoy, disfrutando de su pasión por los libros.

- ¿Qué opinás de la literatura infantil actual en Argentina?
- En Argentina hay magníficos escritores y en los últimos años ha existido una explosión con la aparición de nuevas editoriales de libros infantiles, lo que les ha brindado la oportunidad a muchos autores e ilustradores de encontrar un espacio para publicar sus libros.

- Y con respecto a la creación internacional, ¿cuáles son tus autores infantiles favoritos?
- Además de los clásicos, queridos por la mayoría, tengo muchos autores favoritos con quienes pasé momentos formidables: Roald Dahl, Gianni Rodari, Ligya Bojunga Nunes, Michael Ende, Ana María Machado, Christine Nostlinger, Anthony Brown y Arnold Lobel, entre otros.

- Así como mencionaste las características de un editor, y teniendo en cuenta que trabajás permanentemente con tantos escritores, ¿creés que se nace escritor o cualquiera que se lo proponga puede serlo?
- Todas las personas tienen la posibilidad de expresarse a través de alguna disciplina. Algunos tienen talento para escribir y en general suele ser algo que surge desde temprana edad, pero hay excepciones. No sé si se aprende a ser escritor, pero estoy convencida de que la lectura es una base imprescindible para los que quieren escribir.

- Vos sabés que el fomento de la lectura y su situación en nuestro país es uno de los temas centrales de este blog. ¿Qué podés decir al respecto?
- En nuestro país el tema de la lectura no es ajeno a la crisis de la educación y de la cultura. Pretender que los chicos lean en un contexto de pobreza y marginalidad es una utopía. Considero que es imprescindible que se desarrollen programas que permitan el acceso a los libros en todos los niveles sociales, pero para eso es necesario que exista voluntad política. Lo que se hace desde el Estado y desde las organizaciones no gubernamentales es bueno, pero no es suficiente.

- ¿Y qué pueden hacer los padres, ante la situación que mencionás, para que sus hijos lean?
- Salvo excepciones, es difícil que un chico que no tiene acceso a los libros quiera leer. Los padres, los maestros y los bibliotecarios son los mediadores naturales y en gran medida va a depender de ellos la formación del gusto por la lectura. Si los papás son lectores, es muy probable que los hijos deseen leer. Si en casa hay una buena biblioteca y desde la más temprana edad nos ocupamos de transmitir el placer que produce la lectura puede ser que nuestros hijos consideren al libro como un objeto valioso e importante para sus vidas.

- Para cerrar esta charla, que te agradezco, me gustaría que me contaras un sueño profesional aún no cumplido.
- Como decía mi abuelita, “nunca cuentes un sueño porque no se cumple”.

- Una sabia tu abuelita, Silvia. Gracias por tu tiempo y por permitirnos entrar por un rato en tu mundo.

Me fui pensando que es tan arduo pero a la vez tan rico, imaginativo y rodeado de fantasía el trabajo que desarrolla Silvia, y lo lleva tan en carne viva, que si Roald Dahl la hubiese conocido sería el personaje central de un libro titulado “Silvia y la fábrica de libros”. Tal vez aún estemos a tiempo de escribirlo.

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