Parece que en Japón acaban de presentar una maestra robot, de nombre Saya, que pasa lista, sonríe y regaña a los estudiantes. Puede expresar seis emociones básicas –sorpresa, miedo, repugnancia, furia, felicidad y tristeza- gracias a su piel de goma y a los motores y cables que tiene instalados alrededor de los ojos y la boca y fue probada este año en un aula real en Tokio con alumnos de quinto y sexto grado.

Tal vez las autoridades, incapaces de encontrar soluciones para el problema de la educación y de los bajos salarios docentes, optaron por esta alternativa que no hace huelgas. Por suerte el creador de Saya, Hiroshi Kobayashi, ha dicho que su muñeco aún no está en condiciones de reemplazar a los instructores humanos.

¿Y para cuándo los alumnos-robot?

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