Un hermoso cuento de María Micaela Novak, una escritora de 11 años con mucho futuro:

Habia una vez un hermoso lugar, muy lejano, llamado Naldonecia. Todos querían vivir allí porque siempre reinaba la alegría, la cordialidad, la amistad y sobre todo esta estación tan linda como la primavera. Su rey Enrique, siempre procuraba que esto no cambiara.

Pero el rey Jaime, de un país vecino, deseaba que pasara lo mismo en el suyo y no lo lograba, ya que su propio descontento y tristeza, no permitía que su reino fuera feliz. Jaime, celoso del rey Enrique, llamó a su hechicero más poderoso y le dijo:

-¡Gran hechicero! ¡Quiero que Naldonecia sea tan triste como es mí reino!-
- Mi Señor: sus deseos son órdenes.

Al día siguiente todo Naldonecia había perdido su color y alegría. Esa misma mañana, al levantarse Enrique, abrió su ventana y, con asombro, vio que su reino ya no tenía color ni alegría. Entonces pensó cómo podria cambiar esto: puso un circo en la plaza principal, pintó la ciudad de colores vistosos, pero nada sirvió. Una anciana que lo vio triste en su ventana le dijo:

- Mi Señor, la cura de este mal, sin duda, se la puede dar el gran maestro Kizken.
El rey le contestó:
- ¿Cómo puedo encontrarlo? ¡Dime por favor!
- Vive en el valle “Arco Iris”, en una cabaña, pasando el bosque de “Las Luciernagas”.
- ¡Soldados! ¡No hay tiempo que perder! ¡Ensillen mi caballo! ¡Debemos encontrar al gran maestro!

Al encontrarlo le contaron su situación a Kizken. Este entendió e hizo un preparado mágico, que llevaba: plumas de avestruz, baba de caracol y una esencia que se encontraba en una flor que sólo crecía en el valle. Caminaron hasta llegar al valle, tomaron la esencia y al regresar con esta, al rey Enrique se le ocurrió para que el hechizo se rompiera, volcar el preparado en el río, así, todos lo tomarían.

Desde ese día la alegría y la primavera volvió a reinar en Naldonecia. Y para que Jaime no tuviera más celos compartió el preparado mágico y su país se vistió también de primavera.

FIN
Maria Micaela Novak / 2008

¡Felicitaciones, Micaela! Y no dejes de escribir.

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