Eventos15 May 2012 02:51 pm

Tiempo atrás fui invitado a publicar un artículo en el suplemento cultural del Diario Perfil que sale los domingos. La idea era escribir sobre alguien admirado pero que ya no esté entre nosotros. Me pareció una buena oportunidad para referirme a mi autor favorito, Roald Dahl, que marca mi camino en el mundo de la literatura infantil. Hoy quiero compartir la nota con vos, para que conozcas un poco más de la vida de un hombre que pudo superar las grandes tragedias de su vida a fuerza de vocación. ¡Gracias a Marcelo di Marco y a Yamila Scala por esta oportunidad!:

Roald y la fábrica de personajes

Si nos cuentan de alguien que a los tres años sufre la muerte de su hermana de siete, que a las pocas semanas fallece su padre aun joven, ya mayor pierde a su hija por una encefalitis y otro de sus hijos tiene un accidente que le causa hidrocefalia; que en la Segunda Guerra es piloto de la Royal Air Force, se estrella en el desierto y queda completamente ciego por dos meses, su primera esposa sobrevive a tres infartos muy seguidos estando embarazada, la hija de su segunda esposa fallece de un tumor cerebral y él enferma y muere de cáncer, pensaríamos que es la trama del culebrón de las tres de la tarde o nos están leyendo los titulares de un diario sensacionalista.

Difícilmente podríamos imaginar que en realidad se refieren a uno de los escritores de literatura infantil y juvenil (y también adulta) más leídos del mundo, con millones de ejemplares vendidos cada año. Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, Las brujas, más de sesenta cuentos y poesías para chicos, relatos para adultos, novelas de ciencia ficción y autobiográficas han sido disfrutados por varias generaciones. La mayoría de ellos traducidos a treinta y cuatro idiomas y muchos llevados al cine, la televisión y el teatro. Sin contar sus guiones para las exitosas películas “Solo se vive dos veces”, de James Bond, y “Chitty Chitty Bang Bang”, ambos basados en obras de Ian Fleming.

Tal vez por esa tragedia que atravesó su vida de manera casi constante, es que el escritor Roald Dahl, nacido en Gales en 1916, concibió un estilo de narración basado en el humor negro, toques macabros y finales sorprendentes e inesperados. Bien diferente al de la mayoría de sus contemporáneos (su primer libro para chicos, Los Gremlims, data de 1943) e imposible de ubicar en algún movimiento o tendencia literaria.

Se encerraba en la casita del fondo de su jardín, a la que su esposa, hijos, familiares y amigos tenían prohibida la entrada, para “retroceder hasta tener siete u ocho años otra vez”, como solía decir. Porque ese era el secreto de su llegada a los chicos: mirar la vida con sus ojos. “Los adultos deberían ponerse de rodillas durante una semana para recordar cómo es vivir en un mundo en el que la gente con todo el poder literalmente se alza sobre uno”, afirmaba.

Pero sí es seguro que el maestro que a sus ocho años lo castigó con una vara, lo marcó profundamente. De allí la presencia recurrente en sus cuentos, de adultos malvados que maltratan a los chicos y de chicos que se vengan de ellos o, como mínimo, se muestran más sensatos y maduros que sus mayores. Una temática políticamente incorrecta que, sin dudas, ha sido otro de los ingredientes que ayudó a su gran aceptación entre los pequeños lectores.

La misma incorrección política, en este caso para nada simpática, que lo llevó en alguna ocasión a realizar condenables declaraciones a la prensa cargadas de antisemitismo, inauditas para alguien que jamás había reflejado pensamientos similares en ninguna de sus obras.

Dahl no solo logró transformar los dramas vividos en la genialidad creativa de sus libros. La Roald Dahl Foundation, establecida después de su muerte en 1990, se ocupa de dar soporte a chicos con trastornos en la sangre y neurológicos, problemas que tanto él como su hijo Theo sufrieron a lo largo de sus vidas, y que lo llevaron a desarrollar, junto con dos amigos, la válvula de Wade-Dahl-Thill, un dispositivo para aliviar las situaciones provocadas por la hidrocefalia.

Una vida de novela, ejemplo de una búsqueda de sentido ante la adversidad que le permitió romper fronteras y abrir nuevos caminos en la literatura infantil y juvenil en beneficio de nuevas generaciones de chicos pensantes.

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Eventos15 May 2012 02:20 pm

No te pierdas esta oportunidad de tomar clases de narración con una de las grandes narradoras de nuestro país, mi querida amiga Silvia Finder Gam.

A partir de junio, esta reconocida profesional, que además es escritora, dramaturga y actriz, dará un curso de una vez por semana para
“docentes, padres, madres, abuelas, tíos, tías y estudiantes que tengan ganas de tener los recursos para poder contar cuentos y estimular la lectura”. Se trabajarán contenidos técnicos y de aplicación práctica de la narración oral, la lectura, el uso de la voz y la búsqueda de repertorio.

Cada clase tiene una duración de 3 horas, los miércoles de 18:00 a 21:00 y dura 3 meses. Si querés más información o inscribirte ya, escribí a silvia_findergam@yahoo.com.ar

Las vacantes son limitadas.

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Escribí vos15 May 2012 02:03 pm

Silvia Sosa es la mamá de Coni, una hermosa amiguita lectora de tres años a quien tuve el gusto de conocer en la Feria del Libro. Junto con su marido Javier, Silvia se esfuerza para que los libros y la lectura estén presentes desde bien temprano en la vida de su hija. Y lo disfrutan mucho en familia, al punto de armar “piyamadas” los viernes por la noche rodeados de libros durante horas y armando charlas llenas de fantasías. Además de ser fanática de la lectura, Silvia me ha enviado este lindísimo cuento en el que da muestras de tener pasta de escritora. ¡Que lo disfrutes!

El príncipe escritor

Por Silvia Sosa

Hace mucho tiempo en el Reino de Gurumbú nació un hermoso príncipe. Su papá el Rey decidió llamarlo Valentín ya que de las virtudes que pueden tener los príncipes la que el Rey más anhelaba para su hijo era la valentía.
El Príncipe Valentín creció sin problemas hasta que a los siete años ocurrió el primer episodio: en la clase de Justas (un deporte muy medieval) el Príncipe se aburría soberanamente, tanto que un día se quedó dormido mientras montaba su caballo, por ello fue severamente regañado pues los príncipes valientes debían ser caballeros campeones de Justas.
El tiempo pasó, y a los once el Príncipe roncó en la clase de política internacional principesca, esta vez además del regaño recibió un severo monólogo del Rey que lo instaba a ser un buen príncipe, noble y valiente como los demás. El Rey le hizo saber que algún día los Príncipes son reyes y no sólo dirigen un Palacio sino todo un reino y que para ello es imprescindible que aprenda lo básico que todo buen príncipe debe saber: luchar en batallas, ganar guerras, incrementar el oro del tesoro, comprar coronas a la Reina y todo eso. ¡Habrase visto un príncipe escritor!
Cuando un príncipe crecía y se convertía en Rey podía elegir entre algunas opciones: ser un rey empresario, es decir de los que fabrican ollas y cosas así; o un Rey agricultor y plantar soja, batatas o papas. También se podía ser un rey banquero o cualquier tipo de Rey que generara más tesoros. Cuando los príncipes se convertían en reyes se usaba mucho juntarse a comer con sus pares de otros reinos y entre pata de pollo y pata de pollo se medía a ver quién tenía más batallas, tierras, oros y carruajes. Y aunque aquella era una linda vida para príncipes a Valentín no le gustaba nada de eso…
Valentín se dio cuenta a medida que crecía que su oro era oír las risas de los niños, y que le encantaba dejar volar su fantasía e inventar historias. Amaba jugar mezclando las palabras y esconder mensajes con magia en los cuentos que inventaba… pero eso no era lo que los príncipes hacían…
Sonará raro pero en aquellos tiempos no era bien visto hacer lo que a uno le surgía del alma y así muchos vivían un poco sin sentido el rol que les tocaba. Pero Valentín no era un príncipe cualquiera; cuando nació un hada escuchó el deseo de su padre y lo bañó en polvito mágico de valor y así lo hizo sumamente valiente, tanto como para defender su deseo…

- Papá, quiero ser escritor – dijo Valentín una tarde de sol cuando él, su tío el duque y su padre practicaban con la espada.
- ¡¿Que qué?! – exclamó su padre atragantándose con su saliva y lanzando rayos por los ojos.
- Jajaja, un escritor… – rió burlonamante su tío el Duque.
- Hijo – dijo el Rey tranquilizándose -, claro que puedes ser un escritor, todos los príncipes escriben sus decretos, las historias de sus batallas y los inventarios de sus tesoros. Tranquilo, serás un buen escritor.
- No papá, quiero ser un escritor de historias de amor y magia, quiero poner alegría y risa en mis historias y contárselas a los niños porque me encantan sus ojitos brillosos de felicidad.
- ¡¡¡Es una locura!!! – agregó el Duque -, ¡¡¡dejar de ser príncipe para ser escritor!!!
Y por si le faltaba tirar un poco más de mala onda dijo:
- ¿Y de qué vas a a vivir?, ¿vas a ser hippie?
Al Rey casi le da un patatús, si no fuera por la Reina que vino corriendo casi se queda el reino sin Rey… El duque corrió con el chisme por todos lados ya que si el Príncipe no quería ser Rey le iba a tocar a él… ¿y Valentín?, Valentín ese día adelgazó como mil kilos, hacía rato quería decirle a su familia que deseaba ser escritor y sabía que no era fácil aquel camino; que más simple era ser Principe y chau pero bueno, además de valiente era también un príncipe honesto, tanto que no se podía mentir a sí mismo.
Desde aquella tarde de sol Valentín fue siendo cada día un poco más escritor y un poco menos aspirante a Rey (porque príncipe era desde que nació), hasta que un día pudo decir que era todo un escritor: se dio cuenta cuando en una feria medieval muchos acudían a comprar sus libros y cuando lo cruzaban le contaban lo lindo de disfrutar las historias que Valentín con tanta pasión escribía. Los chicos le pedían que le dedicara los libros y los papás con los ojos cargados de lágrimas de orgullo veían como el ídolo de sus hijos le firmaba los cuentos que cada noche compartían.
No fue fácil para Valentín, tuvo que remarla mucho, pero con los años fue cada vez mejor escritor, tanto que pudo vivir de eso y toda la pila y amor que el ponía en sus cuentos de a poco le fue volviendo en forma de reconocimiento, amor y premios; por sobre todo Valentín fue feliz, más que aquellos que comen perdiz.
¿Y el Rey?… bueno, el Rey con el tiempo comprendió que su deseo se había hecho realidad, tuvo un hijo tan valiente para luchar por su vocación hasta convertirse en el Rey de la literatura infantil.

FIN

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Eventos09 May 2012 06:12 pm

No te pierdas este documental sobre la vida del genial Caloi, en palabras de sus hijos, un compañero de la secundaria, Dolina, el hijo de Fontanarrosa y “Pelusa” Suero, quien le pusiera la voz a Clemente en la tele.

Fue filmado en el 2010, mucho antes de su triste despedida. Lo vamos a extrañar.

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Mis Libros08 May 2012 11:55 am

Ya salió La Valijita de mayo con mi adaptación de El flautista de Hamelin y títeres para representar la historia. ¡Que lo disfrutes!

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Eventos08 May 2012 11:46 am

Por Silvia Portorrico

¿El talento se hereda? ¿Puede una familia completa haber escrito y publicado tantos libros? Parece que sí y para la muestra, la querida familia Repún Melantoni, veteranos en esto de las letras, aceptó que fuéramos a su casa a charlar con ellos. El resultado a la vista, haciendo un click:

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